Jesuitas ¿Enemigos o adoradores del oro?

tesoro de los jesuitas

La Compañía de Jesús, también conocida como los Jesuitas ha sido una de las organizaciones multinacionales más importantes de los últimos 500 años; y como toda organización multinacional ha tenido una relación bastante estrecha con el oro, a pesar de ser otra de esas órdenes del tipo “hacer voto de pobreza”.

Como podemos sospechar, ese voto de pobreza es para los súbditos, obviamente.

Para entender un poco de qué va el asunto y del carácter sibilino y mentiroso de esta orden vamos a ver un episodio bastante conocido de la historia.

Allá por el siglo XVII, los jesuitas tenían una gran cantidad de posesiones en Europa y, sobre todo, América: minas de oro y plata, exportaciones y comercio de todo tipo, plantaciones de cacao, té y azúcar, etcétera.

Tal era la riqueza del conglomerado jesuita que el obispo Palafox diría en 1647: “Toda la riqueza de Sudamérica está en manos de los jesuitas”.

Luego de esto, el rey Carlos III comenzó una particular cruzada con los jesuitas.

Esa cruzada, que tuvo repercusiones importantes en América, Portugal, España y el resto de Europa, casi culminó con el intento del Papa Clemente XIII por excomulgar la orden, es decir, prohibirla.

Curiosamente, un día antes de lanzar el edicto, murió en extrañas circunstancias, que no son tan extrañas ante el ojo avezado.

El siguiente papa, Clemente XIV, al principio benevolente con la orden, decidió quitárselos de encima más tarde.

También, casi por casualidad, murió envenenado en septiembre de 1714.

Parece ser que los “poderes celestiales” no querían que los jesuitas corrieran la suerte de los templarios algunos siglos antes, un grupo bastante similar en su moral y funcionamiento.

Curiosamente, Adam Weishaupt, el fundador de la orden Illuminati, era jesuita. Otra “casualidad”.

Más tarde, también serían expulsados de Rusia, allá por el siglo XIX, tras intentar sublevar a las gentes mediante su enseñanza de las doctrinas del “cristianismo igualitario”. Porque esta es la cuestión clave para entender a este tipo de personajes.

La influencia o contacto de dicha orden con los personajes más importantes de la historia moderna aparece en muchas referencias: Napoleón, Marx, Lenin, Hitler, Franco, Stalin o Mao Tse Tung.

Reducciones de Paraguay: enseñando la verdadera cara de los Jesuitas

El episodio más conocido de la historia de esta orden es el de las Reducciones de Paraguay, lo que resultó ser la instauración del primer estado comunista moderno.

En esas congragaciones se fraguaron bajo un férreo control de la tecnocracia jesuita que era la que iba a administrar la sociedad en su totalidad, desde los asuntos económicos a los religiosos, pasando por los sociales.

Esas Reducciones se caracterizaron por los principios básicos de la ideología de los enemigos del oro: o sea la abolición total de la propiedad privada, excepto la de la Orden.

Es decir, se estableció una propiedad de las tierras de tipo comunal y por tanto sin herencia posible, así como de las viviendas, que pasarían a ser distribuidas según la necesidad.

Lo mismo pasaría con la comida y con prácticamente cualquier artilugio necesario para la vida.

Aquí ya tenemos las políticas de planificación totalitaria, en este caso con las poblaciones indígenas.

La escusa era que con ello, la orden eliminaba la explotación de los portugueses y españoles.

¿Pero qué cambia eso si al final los indígenas eran explotados por otros españoles, portugueses y europeos con vestimentas religiosas?

Poco, en realidad.

Lo curioso del asunto es que la Compañía, al ser la dueña y administradora total del territorio se encargaba de recaudar su parte correspondiente para el mantenimiento de la orden.

Dicho de otra manera, los “maestros iluminados” de la orden no tenían que trabajar, sino solo “predicar”, porque suya era la “palabra de Dios”.

En cambio, los indígenas, tenían que trabajar como esclavos, para poder recibir unas migajas de pan, y el resto de la producción dedicada a mantener a los líderes y a financiar a la orden para lo necesario.

No hace falta que indaguemos mucho para darnos cuenta de que estos misioneros comían bastante mejor que los indios, desde luego mucha más proteína y grasa animal.

El dinero, como buen estado comunista, no existía – porque no puede existir en un estado comunista: no sirve para nada – sino que todo era repartido en cuotas “estatales”, o sea de tipo igualitario.

Como no, todo el oro de Paraguay estaba en manos de los jesuitas, porque ya sabemos que según ellos “el oro no vale para nada”, salvo que luego lo vendían en los mercados internacionales a cambio de otros productos, posiblemente necesarios para la vida en palacio.

Aquí se entiende que el oro no vale para nada para los indígenas, pero para la Orden sí que valía, y mucho.

De ahí la insistencia constante de que el oro es malo y que por tanto las “hormigas”, las “abejas”, han de deshacerse de él, para que los “soldados” (los jesuitas) pudieran administrarlo.

Otra cosa común de este tipo de Estado comunista jesuítico era la de: control total.

Todo tenía que estar bajo observancia de la autoridad de la Orden.

Nada se podía escapar.

Aquí ya podemos ver el carácter totalitario de estos gobiernos, auténticos adalides del “Ojo que todo lo ve”.

Lo que vio Orwell en “1984” ya había ocurrido de manera casi perfecta en las Reducciones mucho tiempo atrás.

Por lo tanto, el ideal jesuita consistía – y consiste – en implementar una sociedad sumisa, dócil, obediente, sin el más mínimo remanente de autogobierno y verdadera libertad.

Una auténtica “sociedad abeja”.

La obsesión de los jesuitas por el oro

Como buenos mentirosos y manipuladores, los jesuitas siempre tuvieron un gran interés por el oro, lo cual era evidente en las numerosas minas que los mismos gestionaban en sus territorios dominados.

En América hay bastantes historias y leyendas sobre antiguos tesoros jesuitas, algo en común con los famosos piratas del Caribe.

¿Por qué será?

¿Posiblemente porque los jesuitas eran piratas también? ¿Piratas espirituales quizá?

Una de las historias más conocidas es la del oro del Monasterio de Plazuela, en Bolivia.

Cuando los jesuitas fueron expulsados de España en 1767, se dispusieron a salvar todo el oro que pudieran de sus extensas posesiones por toda América Latina.

Los jesuitas de ese monasterio, cogieron todo el oro que tenían acumulado y lo escondieron en la zona.

Según la leyenda, de los 500 indígenas que ayudaron a esconder el oro no sobrevivió ninguno. ¿Casualidad?

Unos años más tarde las tropas españolas llegaron a Plazuela pero no encontraron ningún oro.

En 1910, Cecil H. Prodgers, un conocido ingeniero, intentó encontrar el tesoro jesuita de Plazuela con la ayuda de Corina San Ramón, una descendiente directa de un jesuita de la época del tesoro.

Al final, tras muchas vicisitudes y cuando parecía que estaba a punto de descubrir el tesoro, los indios que trabajaban para ellos dejaron el trabajo, pues se encontraron con mensajes de advertencia en nombre de Dios dejados por los antiguos “maestros”.

Algunos dicen que detrás de dicha leyenda solo hay parte de verdad y que ahí no se escondió oro ninguno, sino solo una trampa para sacar dinero a extranjeros.

¿Quién sabe?

Yo me inclino a pensar que dicho oro acabó en arcas jesuitas a buen recaudo en alguna otra parte del mundo, desde donde siguió financiando sus actividades por el mundo.

Otra leyenda al respecto es la que encontramos en el libro titulado “El oro de los jesuitas”, que hace referencia a unas minas de oro en el Rio de la Plata gestionadas por jesuitas con mano esclava africana.

Como siempre, podemos ver cómo se repite el mismo modus operandi una y otra vez.

Los jesuitas “trabajando” desde sus despachos eclesiásticos para administrar el oro y la población esclava trabajando so pena de ser ajusticiada por la “ira de Dios”.

¿No se trata de algo maquiavélico?

Sin duda, pues es algo que es común a todos los enemigos del oro: el ser unos mentirosos.

Gracias por compartir

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