Hitler y el patrón oro

patron trabajo en vez del patron oro en la alemania nazi de hitler
Fuente (*)

Una de las historias más fascinantes y misteriosas en la historia del oro es la de Hitler y su desprecio por el mismo como base del sistema monetario.

Es bien sabido que Hitler rechazaba el oro por considerar que el mismo estaba bajo las manos del cartel bancario mundial, y que por lo tanto, Alemania no podría ser libre sin sacudirse el yugo de las potencias financieras del mundo.

“El oro no es necesario. No tengo interés en el oro. Construiremos un estado sólido sin ninguna onza de oro detrás del mismo. Cualquiera que venda por encima de los precios pactados, marchará a un campo de concentración. Ese es el bastión del dinero”.

Adolf Hitler

Lo que hizo Hitler fue eliminar el estándar del oro en Alemania y poner en marcha un sistema monetario y de crédito basado en el trabajo, en el cual el dinero sería emitido por el gobierno central alemán.

Curiosamente este sistema monetario sería, en teoría, un sistema de carácter socialista no demasiado diferente, en sí, de lo que serían otros sistemas económicos de carácter similar como el soviético, el New Deal o todo tipo de programas donde el oro no sea un obstáculo para la creación de crédito o dinero crediticio.

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De esta manera, no es de extrañar que ese sistema de Hitler fuera tan alabado – y aún lo es en círculos económicos – por economistas como Keynes o Samuelson.

Después de todo Hitler levantó un país que estaba en ruinas y lo convirtió en una potencia económico-política mundial en menos de 10 años.

De hecho, para parar dicho proyecto tuvo que haber unirse el resto del mundo capitalista y comunista al completo para acabar con la amenaza nazi.

Por lo que, en cierto modo, algo deberían estar haciendo bien.

¿Sería su salida del patrón oro o sería otra cosa?

Lo cierto es que en los años que Hitler tomó el poder hubo una especie de comienzo de cero con respecto a la deuda, y Alemania comenzó una nueva era sin ese yugo, lo que sin duda fue un factor determinante en el éxito económico de la siguiente década.

Pero esto no basta para que un sistema tuviera éxito.

En este caso tenemos que tener en cuenta que en Alemania hubo una fuerte resistencia a que las cosas se salieran de control.

Esto es algo a lo que seguramente contribuyó el carácter austero del gobierno ultraconservador alemán de los nazis, que contribuyó a que las cuentas estatales fueran lo más someras posibles, a pesar de ser algo casi imposible cuando se está en un sistema de crédito estatalizado sin oro.

Cuando esto ocurre en manos de gobiernos de corte más izquierdista, suelen haber muchas más complicaciones, pues estos no son tan someros, por decirlo de alguna manera, y gastan mucho más, con lo que las crisis llegan más pronto que tarde.

El caso alemán fue un poco diferente.

La verdadera causa del éxito económico del régimen alemán a pesar de no contar con el oro

economia nazi

Según los defensores de la economía de libre mercado, el éxito alemán no fue tal o al menos no tan grande como la gente pueda pensar, y que el mismo se debió a que en el corto plazo las cosas siempre funcionan bien, pero que en el largo plazo se estaban creando unos problemas muy grandes de fondo en la economía alemana.

Como el estado alemán se embarcó en una guerra total,  los efectos de las economías socialistas no se vieron tan claros.

En una guerra es normal ir con déficits, después de todo.

Por otro lado, los defensores de que el sistema de tipo socialista alemán era eficiente, alegan que el oro es una reliquia (bárbara o no bárbara) que hace que no se puedan aplicar las medidas económicas necesarias en el momento necesario, por lo que el uso de un estándar basado en el mismo fue la causa de las depresiones de antaño.

Esta es la idea de la inmensa mayoría de economistas mundiales, keynesianos todos ellos.

Sin el oro, no habría problema para crear «demanda agregada» en casos de crisis.

¿Quién estaría en lo cierto?

Es complicado saberlo, la verdad, porque como dije antes, el caso alemán es un poco especial.

Digamos que en las circunstancias que habían en la época, lo cierto era que la mejor manera de intentar sacudirse el yugo del sistema financiero internacional era hacer algo como lo que hicieron, al menos para poder tener una independencia financiera, aunque fuera temporal.

No obstante, es posible que pudieran haber conseguido algo similar mediante un estándar oro propio, en el cuál los marcos alemanes fueran emitidos por oro poseído por el gobierno alemán, algo que de haberse hecho podría haber atraído mayores cantidades de oro del mundo, siempre y cuando las cosas se hicieran bien.

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De esta manera no se tendría que estar bajo el control de las fuerzas económico internacionales, pero sí que habría barreras para la impresión de dinero indiscriminada.

Es curioso, porque la mayor ruina económica que tuvo Alemania anteriormente, la hiperinflación de Weimar tuvo lugar en medio de una inflación galopante con impresión de dinero indiscriminada, algo totalmente contrario al estándar del oro, bajo cuya influencia algo así sería imposible que pasase. Y, sin embargo, Hitler parece que no quería ver al oro ni en pintura.

Lo que pasa es que en el sistema monetario y de crédito de Weimar, había grandes presiones y obligaciones internacionales, de tal manera que la economía alemana estaba atada a las condiciones de la finanza internacional.

la republica de weimar y hitler
Billete de 50 millones de marcos en 1923

Hitler se deshizo de la dependencia internacional e implementó un sistema de crédito bajo la completa supervisión del estado alemán: un sistema sin usura y sin control privado de los medios de crédito y moneda.

Claro, esto es algo lógico, pues Hitler no podía ni soñar con deshacerse del control financiero internacional sin eliminar las ataduras con el sistema bancario, el cual, después de todo, está controlado por un grupo específico de hombres.

Aquí tenemos lo difícil del debate, pues esto también lo tenemos, en teoría, en regímenes como el venezolano de Cháves y Maduro, la antítesis de lo que fue el régimen de Hitler, y sin embargo, en estos casos modernos, lo que tenemos es un sistema económico desastroso.

¿Por qué funcionó para los nazis y no para los chavistas?

Ciertamente, por seguro que hay diferencias entre ambos sistemas.

El resurgimiento económico de la Alemania de Hitler

“No fuimos lo suficientemente tontos como para intentar hacer una divisa respaldada por el oro, del cual no teníamos ninguno, pero por cada marco emitido requerimos que el mismo tuviera el mismo peso en el trabajo o bienes producidos por un trabajador alemán… nos reímos del tiempo en el que nuestros financieros nos decían que el valor de una divisa está regulado por el oro y los valores en las cámaras acorazadas de una banco estatal”.

Este es un ejemplo un poco más complicado que refutar que el anterior, sobre todo porque incluso refutándolo con la lógica, la mayoría de las mentes no podrían asimilar una verdad tan simple, habida cuenta de lo lavados que están los cerebros hoy en día.

Si Hitler pudo instaurar un sistema monetario en Alemania que tuvo éxito no tiene que ver con que el mismo no fuera respaldado por el oro.

Es más, a Alemania le habría ido incluso mejor si hubiera adoptado un sistema monetario como el que había en la Prusia de Federico el Grande o en la de los abuelos de este; es decir, un sistema monetario privado con el oro como monarca.

Milagro económico de la Alemania de Hitler

Que Alemania pudo levantarse económicamente con un modelo FIAT, basado en la emisión monetaria de divisa estatal basada en “trabajo” no quiere decir que dicho sistema sea el mejor del mundo, más que nada porque dicho sistema no difiere en absoluto del sistema de crédito de un país comunista como podía ser el de la Unión Soviética, donde cada rublo emitido tendría que estar respaldado por todos y cada uno de los trabajadores soviéticos.

No, Alemania se levantó de manera «milagrosa» debido a otras cuestiones.

El milagro económico de la Alemania de Hitler tuvo más que ver con que, a pesar de todas las apariencias, la economía alemana reforzó los mecanismos de una economía de mercado, y todo a pesar de ser una “dictadura fascista”.

Toda una paradoja de las más complicadas de captar.

Nada difícil de ver si entendemos que Hitler estaba totalmente en contra del marxismo y de la abolición de la propiedad privada. De hecho, Hitler la defendía diciendo que el verdadero socialismo estaba a favor de la misma. (referencia: «El ascenso del Fascismo» por F.L. Carsten)

La propaganda de hoy en día nos habla de que la economía nacionalsocialista era una economía de Estado, no muy diferente de una economía de corte soviético.

Nada más lejos de la realidad.

El hecho es que la llegada de Hitler al poder hizo que la propiedad privada y, por tanto, todo el sistema productivo nacional privado se viera reforzado de manera dramática. Con este reforzamiento y las subsecuentes medidas para bajar impuestos, cortar gastos sociales y promover la producción, en contra de promover el gasto, hizo que la acumulación de capital privado y de la inversión fueran totalmente espectaculares.

Ver esto es muy complicado, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta la visión nacionalsocialista, la cual era totalmente contraria a la bolchevique.

Es como la diferencia entre una mentalidad de producción y una mentalidad de gasto.

Por ejemplo, una de las claves del resurgimiento económico alemán fue la eliminación de los sindicatos.

Es curioso, que un país que abolió el sistema sindical consiguió que el desempleo descendiese del 30 al 3% en cosa de unos años.

A pesar de lo que nos dice la lógica, por ser supuestamente un régimen represivo, la llegada al poder de Hitler supuso una disminución en la regulación del merado de trabajo de manera muy fuerte.

Una vez la actividad sindical, siempre contraria a la propiedad privada y las empresas, fue reducida a cero, el mercado laboral alemán adquirió una vitalidad impresionante.

Se había acabado la mentalidad de la huelga, convenios colectivos infinitos y cuestiones legales parasitarias de todo tipo.

El mensaje fue claro: se premiará la producción.

De ahí que hubo un resurgimiento en la economía por resultados, con un boom espectacular en todos los sectores privados, y sobre todo en la pequeña y mediana empresa, ya que los emprendedores nacionales se vieron con la posibilidad de poder realizar proyectos e inversiones con una mayor seguridad legal.

A pesar de que se piense que esa medida favoreció a los grandes conglomerados alemanes tipo IG Farben, lo cierto es que los grandes beneficiados fueron los pequeños inversores y emprendedores.

En cierto modo fue una vuelta a una especie de sistema autárquico-nacionalista de corte monárquico, con Hitler como cabeza del Estado, en el que la propiedad privada era protegida por encima de todo.

Al tratarse, además, siendo un modelo tradicional de corte paternalista, todas las actividades basadas en cuestiones morales dudosas, como el porno, drogadicción o la especulación política, se vieron cortadas de manera drástica, lo que hizo que la práctica totalidad del pueblo alemán se concentrase en actividades más productivas.

Es decir, con el nuevo sistema político en Alemania, la propiedad privada estaba más segura y protegida que en los supuestos estados capitalistas por un simple hecho.

Dicho de otro modo, los ciudadanos y emprendedores alemanes, como pudiera ser un ingeniero y su pequeña empresa, eran conscientes de que mientras Hitler estaba en el poder la probabilidad de que llegase un sistema comunista de abolición de la propiedad privada sería cero.

Con esa certeza, todo alemán productivo y ahorrador se vio reforzado de manera tácita, sintiéndose protegido por el “rey”.

El mito de la economía de Estado de Alemania

Se supone que la economía alemana era ultra-intervenida y, por tanto, anti-capitalista.

Esto puede ser más cierto conforme la guerra fue avanzando y las necesidades del Estado se volvieron imperiosas, pero en los inicios del régimen – esos años en los que se produjo el milagro – lo cierto es que la intervención estatal en la economía alemana fue reducida y las empresas, grandes, medianas o pequeñas, tuvieron la garantía de que sus inversiones y propiedades iban a ser respetadas.

La economía francesa o belga, por ejemplo, eran más intervenidas que la Alemana, por estar en manos de políticos cambiantes, con nuevas y contradictorias leyes cada legislatura y hordas de sindicatos dictando las políticas laborales de la empresas.

En la Alemania de Hitler, ambos procesos se redujeron a lo mínimo.

Ni había especulación política con la creación constante de leyes y decretos por partidos diferentes, ni había sindicatos para presionar o coartar a los emprendedores e inversores alemanes.

Lo que hubo fue estabilidad política, económica y social.

Además, Hitler fue realmente claro con el tema del déficit.

La mentalidad tradicional está totalmente en contra de adquirir déficits perpetuos y de financiar los mismos con deuda externa.

Al contrario que la mentalidad de las democracias de ahora y antaño, Hitler sabía que los déficits eran un pecado contra las futuras generaciones de Alemania, y por eso su política inicial fue la de balancear de manera drástica las cuentas del Estado, y todo ello con bajadas de impuestos.

Visto así parece que Hitler fuera un adalid del libre mercado, y si así lo parece es que así era; a pesar de, nuevamente, las apariencias.

Por lo tanto, el milagro económico de Alemania después de la llegada de Hitler no tuvo tanto que ver con no usar el oro como base del sistema monetario o de usar letras de crédito basadas en el trabajo alemán.

El milagro económico alemán tuvo que ver con el refuerzo tácito y directo del régimen de propiedad privada en Alemania.

Por ejemplo, si leemos los medios típicos podríamos entender que la economía alemana de los años 30 era totalmente estatal, pero si escarbas algo más debajo de la superficie nada más lejos de la realidad.

De hecho, Alemania privatizó buena parte de su sector público con Hitler (fuente).

¿A Hitler no le importaba el oro?

Como último dato curioso, está el tema de que Hitler despreciaba el oro por ser un material que provocaba el peor egoísmo en el hombre.

Por lo tanto, eliminarlo del sistema monetario nacional era la prioridad.

Sin embargo, en la realidad, los nazis conservaros grandes cantidades de oro.

De hecho, no son pocas las historias sobre el “oro nazi”, con historias fantásticas y no tan fantásticas sobre trenes y barcos de oro hundidos que estaban llenos con oro nazi.

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Pero la pregunta es, ¿si el oro no era de utilidad para los nazis, por qué conservarlo?

¿No sería mejor venderlo en el mercado y deshacerse del vil metal, y al mismo tiempo ganar algo de liquidez para continuar con el financiamiento del Estado?

Es aquí, en este punto, donde me entran más dudas.

No se entiende muy bien que algo tan malo como el oro, tanto espiritual como materialmente para el pueblo alemán, tuviera que seguir siendo guardado por las fuerzas del Estado alemán.

Sospecho que estos sabían bien lo valioso que era el oro, independientemente de que el sistema monetario internacional estuviera en manos de sus enemigos.

Después de todo, Alemania no fue el único país en la historia que se sacudió del yugo del control financiero internacional.

En realidad, así era como funcionaban los reinos de antaño, en las edades antiguas, la Edad Media y demás, cuando todos y cada uno de ellos se regían por el oro como centro de sus actividades económicas y ello no significaba que estuvieran en mano de potencias financieras foráneas.

Todo lo contrario, los feudos de antaño eran tan herméticos o más que la Alemania nazi.

Independientemente de lo que hicieran los nazis, hay que reconocer que su manejo de los asuntos económicos fue casi tan eficiente como su manejo de los asuntos bélicos.

Hizo falta que se uniera casi la totalidad del mundo para poder pararlos.

Eso es algo irrefutable.

(*) Imagen cortesía del bundesarchiv (Reichsautobahn, Hitler beim 1. Spatenstich)

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