¿Es el oro la causa del mal en el mundo?

Esa frase la comparten muchos de nuestros contemporáneos, sobre todo los más cercanos, por decirlo de alguna manera, al socialismo.

Se dice que Lenin predijo que algún día los baños del paraíso comunista estarían bañados en oro.

Dicha predicción era otra de las maneras de decirnos que en el supuesto milagro comunista en la construcción del “Nuevo Hombre”, el oro, el villano metal protagonista monetario de la historia, perdería totalmente su papel, y que las masas lo despreciarían hasta el punto de orinar encima del mismo sin despeinarse.

Su intención de decorar con oro los baños públicos, era evidentemente una mentira, o una fantasía fruto de una mente infantil o enferma. Me inclino más por la segunda opción, pues hasta los niños saben cuál es el resultado de poner oro en los baños públicos. O puede ser que se trate de una mente malvada, sin más.

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Esta afirmación apareció en el Pravda a finales de 1921.

No creo que la pusieran en práctica. Más que nada porque no tardarían mucho en comprender que el oro desaparecería rápidamente de los baños.

Oro y socialistas

Es algo común en todos, o casi todos, los socialistas del mundo, el criticar el oro y poner a este como raíz de todo el mal.

Da igual si son socialistas de derechas o de izquierdas.

Bien sabida era la opinión de Hitler con respecto al oro, la cual en parte tenía razón.

El poder de Alemania y del pueblo alemán no tenía que ver con el oro, sino con su capacidad de organizarse y trabajar juntos. Correcto. Pero se equivocaba al considerar al oro un mal terrible que había que erradicar. Sin embargo, no iba regalando el oro de Alemania ni el conquistado por ahí, sino que lo guardaban en buen recaudo.

Lo mismo se puede decir de las corrientes nacionalsocialistas y de nueva “derecha” actuales. La mayoría de estas posiciones consideran al oro como el mayor de los males.

Tanto estos, como las masas seguidoras del credo comunista comparten el hecho de que el oro es un metal vil y que hay que extirparlo de los cauces de la sociedad.

Supongo que pensarán que una vez hecho eso, se conseguirá la prosperidad eterna bajo algún régimen socialista con su moneda papel emitida por algún banco central.

O, mejor aún, en los sueños comunistas más fantasiosos, no hay dinero. Este no hace falta, el mismo es la causa de todo el mal. Si logramos deshacernos del mismo e implementar un sistema “justo” donde cada uno reciba lo que “merece” no hará falta oro ni dinero. ¡Bienvenidos al paraíso!

Oro maldito

Tantos unos, como otros, son bastante hipócritas. A la Unión Soviética nunca le tembló el pulso de vender su oro a las potencias occidentales. Oro con el que obtener dólares para comprar comida y hacer metralletas.

El caso es que la gran mayoría de líderes socialistas radicales de todos los partidos siempre se han quejado amargamente del oro, pero luego resulta que son ávidos acaparadores del mismo en cuentas privadas bien guarnecidas.

Lo cierto es que la mayoría de la élite mundial, incluidos todos los economistas académicos más poderosos, empezando por Krugman o Bernanke, odian el oro por encima de todo.

Ese es el tipo de gente que va por ahí diciendo lo malo que es ese metal, vendiendo a las masas que el oro es malo, muy malo.

Las masas, a medida que nos adentramos en el final de este ciclo de socialismo de locura, tienen el cerebro cada vez más lavado, y son más propensas a creer esas mentiras.

Mentiras, más que nada, porque muchos de esos que critican el oro en público, saben perfectamente qué es el oro, y su papel en la humanidad.

“Do what I say but not what I do”

En cierto modo, la gente que sigue esa filosofía es a la que mejor le va. Vivimos en un tiempo donde la verdad se ve acorralada y con la cual no llegas muy lejos.

Para avanzar rápidamente en los escalones de la sociedad materialista actual, lo mejor es defender valores socialistas. En cierto modo, eso es lo que las masas demandan.

En ningún caso se va a volver a un patrón oro genuino que salve al mundo, como últimamente ha dicho el Profesor Fekete. Al contrario, a medida que nos adentremos en este final de ciclo capitalista, veremos cómo se van haciendo realidad los sueños totalitarios tan largamente predichos por muchos.

Yerran profundamente los teóricos socialistas al considerar que el oro es malo. Lo malo en todo caso, es la naturaleza humana.

¿Sabes?

El humano, o al menos el homo sapiens es perecedero, al igual que la vivienda, el arte o las naves espaciales. Pero no el oro.

De todos los materiales que, permítanme que lo diga, Dios puso en esta Tierra, no hay ningún otro tan puro y verdadero como el oro; tan poco falsificable.

Por eso es que es tan odiado en esa fase final del ciclo, porque en la misma es la mentira la que manda.

Por eso, la gran mayoría del mundo da por hecho que el sistema actual es un sistema basado en la “verdad”.

Que las divisas papel emitidas por los estados reflejan el avance sin límites de esta sociedad.

Muy pocos, una pequeña minoría, son los que alertan de que el oro no es el culpable de los males del hombre. De que hay que volver al Patrón Oro, o estamos abocados al desastre económico y social. Razón no les falta en esto último, pues en su debido momento vamos abocados a ese desastre.

En realidad, es la naturaleza humana la que está corrompida.

Es la naturaleza humana la que es codiciosa, no el oro.

Es la naturaleza humana la que es egoísta, no el oro. Si quitas el oro, el egoísmo no se va. Es más, a medida que tenemos menos oro y más “fiat” no parece que el egoísmo hay ido a menos.

Es la naturaleza humana la que poco a poco va adoptando la religión socialista: la religión del materialismo supremo. No el oro. El oro no cree en el socialismo. El oro es inmutable, no cree en nada, es neutro.

Si hay algo en nuestra realidad material actual que no es mentira, es el oro. Todo lo demás, por decirlo así, es más perecedero. Es más, permítanme la licencia, cercano a la mentira, la muerte o la nada.

Un hombre de bien, no aprecia el oro porque le mueva la codicia, sino porque sabe que ese extraño metal que tiene entre manos no puede ser manipulado fácilmente.

Un hombre de bien sabe que la propiedad privada y el oro son indisolubles en esta nuestra Tierra.

El día que hayan eliminado el oro completamente de la circulación. Ese día, habrán eliminado la propiedad privada.

Ese día los seguidores de la mentira estarán sentados sobre todo el oro del mundo. La mayoría de las masas desposeídas les rendirán pleitesía y les creerán todo lo que les dicen: incluido que el oro es malo.

Ese día los defensores de la libertad estarán desposeídos, humillados, acorralados y destruidos. Ese día será para ellos, el infierno en la Tierra, literalmente.

Ese día, habrá triunfado el mal y la mentira.

Ese día, que Dios nos ayude.

In veritate libertas

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