El verdadero oro de los alquimistas

¿A qué se dedicaban supuestamente los alquimistas?

A crear oro a partir de metales como el plomo.

¿No?

Eso es lo que la mayoría de gente que ha escuchado algo sobre alquimia piensa.

Sin embargo, la realidad es otra.

oro alquimista
Esta Crisopea de Cleopatra representa perfectamente el verdadero sentido de la alquimia, que no era, obviamente, construir oro material, sino otra cosa diferente: la llamada Gran Obra y que está profundamente relacioanda con el destino de esta humanidad

El objeto de la alquimia, de la verdadera alquimia no era la consecución de metales (crisopea) como el plomo o hierro en oro, cosa que los verdaderos maestros originales sabían perfectamente, sino otra cosa.

El oro, no obstante, fue totalmente necesario para dar forma a la leyenda.

La verdad que la alquimia es un tema realmente extenso que tiene interminables ramificaciones, por lo que voy a intentar no andarme con rodeos e ir al quid de la cuestión.

Una cuestión que gira en torno al verdadero objetivo de los alquimistas, o al menos aquellos de los que procede la doctrina primaria.

¿Qué mejor que prometer el oro?

¿Se os ocurre algo mejor para atraer la atención de aquellos candidatos con más potencial?

Os aseguro que no había nada mejor.

El verdadero objeto de la alquimia: la consecución de la Piedra Filosofal no tenía mucho que ver con el oro físico vulgar, sino con el conocimiento, con el desarrollo espiritual: la liberación.

El convertir plomo en oro no era más que una fábula para impresionar a incautos y reyes, que apoyaban no pocas tramas – hoy conocidas como timos de las estampita – de muchos que les prometían el oro, pero que al final se quedaban en eso, en promesas.

Es reconocido que la alquimia proviene de muy lejos, de épocas muy antiguas, por lo que, como siempre, podemos ver que el oro es el metal considerado como más puro, el metal final de la Creación, si se me permite: aquel al que con trabajo y estudio, esos alquimistas pretendían llegar.

El problema es, como comenté, que hay una barrera fundamental a toda esta leyenda. Esa barrera es tan simple que los alquimistas originales la conocían perfectamente; y no es otra que la imposibilidad de convertir otras materias en oro.

¿Por qué?

Porque solo Dios puede crear el oro, o al menos, digamos, un Dios.

Lo que sí pudieron, y pueden, los alquimistas de todas las épocas, es experimentar con las materias para ir avanzando en sus trabajos de disolución, porque de eso es de lo que trata su obra: de disolver y coagular (Solve et Coagula, tan apreciado, por cierto por Eliphas Levi).

¿Han conseguido los alquimistas convertir metales impuros en oro puro?

No, evidentemente.

Lo que han hecho es convertir diferentes mezclas de la materia en “copias del oro”. Copias que no son otra cosa que burdas falsificaciones, pero no por ello no efectivas. De hecho, cuanto más avanza el proceso natural de este mundo de disolver toda la materia existente en él, más burdas y pintorescas son las tramas para “crear oro”, para hacer creer que se puede crear riqueza de la nada.

El campo de estudio de los alquimistas de antaño no se circunscribía solo a la química, obviamente, sino a todas las ciencias que dominan el panorama social y científico de hoy día.

Por ejemplo, se les considera los padres de la química, porque gracias a ellos se supone que las nacieron las fórmulas necesarias para los procesos industriales de nuestra era.

Igualmente podemos decir de la física, y algo menos conocido, de las ciencias sociales.

¿Por qué digo de las ciencias sociales?

Porque los alquimistas, profundos estudiosos de la ciencia humana, no podían dejar pasar por alto la, quizá, más importante de todas sus obras: cambiar al hombre. Dirigir el camino de éste para que se disuelva.

¿Pero cómo que para que se disuelva? ¿Eso qué es?

Digamos que es algo así como fusionarse.

El mundo, por si no se han dado cuenta, es un constante proceso de fusión – esa otra manera de llamar a la disolución – en el que el mismo va avanzando a cada vez mayores niveles de la misma, es decir, de “mezcla”.

Este mundo que se va mezclando, no es sino el sueño de la obra alquimista, o al menos de aquellos que idearon todo su cuerpo esotérico, cosa que perfectamente entendible para los conocedores del arte simbólico.

Bien.

Conforme el mundo se va fusionando – de manera exponencial ya en la Era Moderna – las tramas para “crear oro”, es decir, dinero, se han vuelto cada vez más espurias. Hasta el punto que hemos llegado a la fase final del sueño alquimista: el dinero digital, aquel que por naturaleza es más fácil de disolver o mezclar.

¿Pero no dicen que las divisas digitales – conocidas como criptomonedas – son descentralizadas, y por tanto, no susceptibles de “mezclar”?

Sí, eso dicen, pero al contrario que el oro, el espacio digital presenta el terreno perfecto para la disolución. Perfecto porque ese terreno digital no tiene límites y el fundamento del mismo, una cantidad infinita de unos y ceros, nos dice claramente que está diseñado para fusionar dichos elementos de la dualidad: el uno y el cero. El resto, los Bitcoins, Ethereums, tokens varios de hoy, no son más que ilusiones digitales.

El verdadero oro de los alquimistas

Cierto es, que en todo el proceso de crear el oro de la nada por parte de los alquimistas, estos mismos guardan el oro real que pueden acumular en sus “cofres”, porque saben que ese elemento, el más puro, es el que tiene verdadero valor. Mientras, como perfectos “enemigos del oro” siempre recomiendan los más estrafalarios sistemas monetarios en los diferentes experimentos de las sociedades modernas.

Por lo tanto ya sabemos que la idea fundamental de la alquimia de transformar el metal en oro era algo falso, y además falso a conciencia, es decir, una mentira.

Conociendo eso y la doctrina prevalente en la misma – la dualidad – podemos estar seguros de que el trabajo principal de los alquimistas en la historia ha sido el de colaborar con el gran engaño de la construcción de una sociedad utópica. Una sociedad basada en mentiras.

Una de esas mentiras es que el oro físico es inútil y ha de ser removido del mundo monetario. Es decir, que se trata de que les entregues tu oro.

A cambio, te prometen que construyendo la sociedad perfecta, fruto de la fusión total de la humanidad, y de un sistema monetario gestionado por ellos, podrás conseguir la felicidad.

Todo muy bonito y loable, pero siempre es así con las promesas de los enemigos del oro.

Gracias por compartir

Deja un comentario