El oro y los aztecas

oro de los aztecas

Una de las historias más dramáticas y tristes de la historia de la humanidad es la del oro de los aztecas y cómo el mismo fue la principal razón de la caída de tamaño imperio.

La búsqueda del preciado metal fue lo que llevó a Hernán Cortés a la capital del imperio mexica y a ejecutar su destrucción.

En sus primeras bases de América lo más importante a los oídos de los españoles y lo único que Cortés quería saber era donde estaba el oro. Como las noticias relacionadas con el metal amarillo llegaban de las tierras aztecas allí fue a donde se dirigió Cortés y con él, la “destrucción”.

¿Era el oro la moneda de los aztecas?

Curiosamente no.

Los aztecas basaban su economía monetaria en otros activos de intercambio como eran los granos de cacao, el Quachtli (tela), las tajaderas (hechas de cobre delgado), e incluso niños vendidos como esclavos o para ser usados en sacrificios.

¿Significa esto que los aztecas no daban valor al oro?

Todo lo contrario.

El valor que los aztecas daban al oro era de carácter superior al monetario. Estamos hablando de un carácter espiritual ya que no había nada más valioso para los emperadores y nobles aztecas que el oro, que era considerado como un tesoro de los dioses, demasiado valioso para ser considerado como medio de cambio en la economía de masas.

El único medio de “cambio” era el que el emperador exigía de sus súbditos y reinos dominados que tenían que pagar en oro al soberano, entre otras cosas.

En cierto modo los reyes conservaban su “capital” en oro, ya que de manera instintiva sabían que el metal era el principal y más valioso depositario de valor, aunque lo mismo no fuera nunca reconocido como tal en dicho imperio, desde un punto de vista monetario comercial.

Está claro que el rey no estaba interesado en acumular cacao o pedazos de cobre, o incluso niños, cosas todas ellas en cierto modo perecederas.

El rey acumulaba oro como un símbolo de poder; del poder que le entregaban los dioses para gestionar los asuntos del pueblo.

Sin embargo, ya sabemos lo que significaba el oro para los españoles, quienes vivían en una sociedad profundamente monetizada en la que las transacciones y las deudas del reino se medían en onzas de oro.

Por lo tanto no es de extrañar la furia con la que un escaso grupo de 600 españoles liderados por Cortés, se adentró en el corazón de un imperio de millones de persones, acabando por enfrentarse a fuerzas militares que les superaban en 200 a 1.

Solo el oro y su posesión podían causar tal locura en un grupo de hombres que estaban dispuestos a morir con tal de conseguir la riqueza que dicho metal les confería en sus sociedades natales.

Claro está, para conseguir el oro tenían que llegar a la primera candidata a “Ciudad del oro”, Tenochtitlán, y conseguirlo.

¿Cómo conseguir el oro de los aztecas?

Pues difícilmente por las armas, en medio de una horda interminable de soldados mexicas.

Los españoles, como otros enemigos del oro a lo largo de la historia, acudieron a otras estratagemas para hacerse con el metal.

La estrategia consistía en hacerse con el control del emperador azteca, con el que podrían controlar el imperio y, por ende el oro.

En una serie de aventuras increíbles que incluyeron la muerte del emperador azteca Moctezuma, los españoles salieron victoriosos y pudieron hacerse con el botín de oro del Imperio azteca, que no era poco.

Como se dieron cuenta de que a pesar de las grandes cantidades de oro, Tenochtitlán no era la legendaria “Ciudad del oro” y “El Dorado” de la que habían oído hablar, los españoles prosiguieron sus aventuras en otros rincones del continente americano, siendo éste, el oro, sin duda, el motor que movilizó la conquista de todo un continente por los bravos soldados del imperio español.

No obstante, la historia del oro azteca acabó por mostrarse muy cara para aquellos avariciosos españoles.

El oro perdido de Tenochtitlán

La mayor parte del oro que habían logrado reunir en la capital mexica lo perdieron en la Noche Triste del 30 de junio de 1520, cuando tuvieron que huir a toda prisa de la ciudad, dejando ese botín atrás, siendo perseguidos sin descanso por las huestes aztecas.

La mayor parte de ese oro no se pudo encontrar nunca más pues al volver a la ciudad, el mismo ya no estaban en las cámaras, quedando el asunto en uno de los mayores misterios de las conquistas de América.

Pero no acabó ahí e infortunio de los españoles con el oro, pues más tarde, en 1522, parte del oro que habían acumulado partió en tres carabelas hacia España, pero una flota corsaria al mando del francés Fleury capturó todo el botín, salvándose solo un barco español.

Como vemos, al final los conquistadores no tuvieron mucha suerte con el metal amarillo, perdiendo la mayor parte del tesoro original y pagando por su conquista un alto precio en vidas.

Sin embargo, al final lograron otra cosa que vino como consecuencia de ese amor por el oro: la conquista de todo un imperio, que pasó a manos del imperio español.

Finalmente, el oro azteca trajo la ruina a ese imperio y también al grupo de Cortés, del cual pocos hombres sobrevivieron para disfrutar de las riquezas conquistadas.

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