¿Cómo explicar la caída de Roma por la devaluación monetaria?

Uno de los hechos mejor conocidos de la historia económica y monetaria del mundo es devaluación de las monedas romanas que fue paralela al declive y final colapso del imperio.

denario plata colapso
Denario Quintus Antonius Balbus 82 A.C. Wikipedia/Carlomorino

Esto lo sabe todo el mundo, sin excepción.

Desde socialistas a liberales, pasando por nacionalistas y conservadores de todo tipo.

Es un hecho histórico e indiscutible.

Lo que viene a continuación es lo que no tiene sentido y demuestra que vivimos en un mundo demencial, que tiende a la estupidez.

Bien, según la mayor parte de los estudiosos e “historiadores”, sobre todo los que están a sueldo del Estado – es decir, casi todos – la caída del Imperio Romano tuvo lugar por las invasiones bárbaras.

De tal manera que no hace falta buscar otros motivos, ya que todo viene explicado por algo tan obvio.

Ese es el tipo de sofisma perfecto que gana cualquier debate:

  • “Roma cayó por las invasiones bárbaras, algo que podemos corroborar en los libros de historia de los colegios, institutos y universidades”

No hay nada más que discutir.

Se trata de una teoría oficial.

Sin embargo, como cualquier otro sofisma, es un argumento que carece de toda lógica o del más mínimo cariz de profundidad intelectual.

Veamos un ejemplo bastante infantil que explica perfectamente por qué esa no puede ser la causa de la caída del Imperio Romano.

¿Cayó el Imperio Romano por las invasiones bárbaras?

El Imperio alcanzó su cénit con 130 millones de habitantes, aproximadamente.

¿Cómo es posible que un imperio con semejante fuerza humana pudiera sucumbir a las invasiones de unos pueblos bárbaros?

¿Por qué pudieron derrotar los bárbaros a un Imperio Romano de 130 millones de habitantes y no pudieron hacerlo con los anteriores imperios y repúblicas con 50, 10, 5 o 1 millón de habitantes?

Evidentemente aquí hay que buscar otro tipo de explicaciones de carácter cualitativo.

Argumentos que explican que un imperio de 130 millones de almas era en realidad más débil que una república de 5 millones unos siglos antes.

Eso solo se explica una vez empezamos a indagar en los pormenores políticos, sociales, económicos e incluso religiosos del Imperio.

Uno de esos pormenores es el de la devaluación monetaria y la inflación consecuente que acompañó a la primera hasta la misma caída de Roma.

Devaluación de las monedas de plata del Imperio Romano

Esa devaluación monetaria vino en forma de disminución de la plata en el contenido de las monedas del imperio.

En los primeros 220 años del imperio esta moneda fue el denario, el cual era una moneda de plata al 100% que contenía unos 4.5 gramos del metal.

Cuando Marco Aurelio gobernó el denario solo tenía ya el 75% de plata.

Para la época de Galieno, el contenido solo tenía ya un 5%.

Como vemos el grado de devaluación se fue acelerando conforme se fue acercando el fin del imperio.

Aquí es donde viene una segunda confusión clásica.

Esa confusión radica en que muchos ven la caída del imperio romano como un proceso consecuencia de la devaluación monetaria, como si esta fuera por sí misma la causa primaria de la desintegración de dicha estructura político-económica.

Por ejemplo, en wikipedia se puede leer que una de las causas de la caída del imperio fue “una falta de metales preciosos e ineficiencias en las cuentas del Estado”.

Ahí nos dan a entender dos causas, de las cuales solo una puede ser cierta.

¿Por qué?

Porque solo la segunda es de carácter cualitativo, y por tanto capaz de poder llegar a explicar el por qué de la caída de un imperio tan poderoso.

La primera, la “cantidad” de metales, ya nos lo dice perfectamente que es una medida de carácter cuantitativo y, por tanto, espuria.

¿Por qué espuria?

Porque alguien no es más rico o más pobre por poder doblar o triplicar su base monetaria, sino por doblar o triplicar su producción.

Si las monedas en circulación son las mismas entonces la consecuencia es que se obtendrán más productos por moneda.

Es algo muy simple, que solo en nuestra época de confusión total se ha llegado a teorizar como algo malo; cuando la verdad es justo la contraria.

Es decir, estamos hablando de un tema político que afecta a la producción, no de un problema de “cantidad”, que es a lo que los socialistas reducen todo.

 “cuando ya no habían más enemigos a los que expoliar plata se hizo inevitable que el imperio subiera los impuestos”

Ese es uno de los argumentos típicos para explicar la caída del imperio romano.

Otro que se cae por su propio peso, pues si ya no habría más enemigos entonces eso significaría que se habría llegado al “fin de la historia” y por tanto no habría necesidad de financiar más guerras o de mantener ejércitos.

Total, ¿para qué? Si no quedan enemigos.

Explicaciones ridículas que, sin embargo, sirven perfectamente para convencer a las masas. Solo hace falta aderezarlas con un toque de autoridad estatal-científico (peor que el religioso) y listo.

Solo algunos teóricos de economía e historia se pudieron apercibir de las verdaderas causas de la caída del Imperio.

Por ejemplo Gibbon en su obra magna sobre la caída del Imperio Romano daba a entender que el socialismo fue una de las causas fundamentales de la caída del mismo.

gibbon caída del imperio romano

Rostovtzeff también dio cuenta de ello en su libro “La historia social y económica del Imperio romano”.

En la obra de Rostovtzeff este nos explica claramente cómo el Imperio fue estatalizando la mayor parte del a producción de manera paulatina: desde panaderos a empresas industriales, pasando por granjeros, sobre todo los más pequeños.

Otros autores más modernos también explicaron perfectamente el proceso como Mises en “La acción humana” o Huerta de Soto.

El socialismo como causa de la devaluación del contenido de plata en las monedas

El principal problema del Imperio Romano fue el carácter retrógrado que el mismo fue creando con su triunfo.

Es decir, fue el triunfo material del mismo, con la conquista de medio mundo lo que hizo que se alcanzara el cénit en el poder de ese Imperio.

Se alcanzó la cima militar y económica, basada en las legiones y la ley romana. Los principios regidores de esa dualidad eran: aristocracia y propiedad privada.

Al igual que en el mundo moderno, el triunfo de la producción y de las armas occidentales conllevó al dominio total del mundo lo que a su vez transformó la sociedad, y la hizo cambiar de una sociedad aristocrática a una sociedad de masas. En primera regiría la conquista y en la segunda el disfrute.

Esa propensión al “disfrute” hizo caer el carácter moral del Imperio Romano pasando de un estado aristocrático a uno socialista, con cada vez mayores niveles de burocracia, subsidios, ayudas estatales, privilegios y, cómo no, impuestos cada vez mayores.

A medida que este ciclo vicioso se iba cerrando, por supuesto, los emperadores veían que no disponían de saldos suficientes para seguir financiando el gigantesco aparato burocrático y de políticas sociales (panes et circenses).

¿La solución?

Pues la típica a la que acuden los enemigos del oro de todas las épocas?

Subir impuestos y, por tanto, aumentar las arcas del Estado – a corto plazo, claro.

¿Y qué mejor manera de subir impuestos que acudir a la inflación, o lo que es lo mismo, añadir ceros en las denominaciones de los billetes?

Ese añadir un cero en los billetes de hoy equivalía a disminuir el contenido en plata de las épocas anteriores.

Son dos procesos que, aunque diferentes en apariencia, son del todo iguales en el fondo.

Con semejante política el resultado fue evidente.

Se pasó de un estado de inflación inexistente – como fue la mayor parte de la historia romana hasta entonces – a un estado de inflación continua y creciente.

Es decir, el precio del pan y del queso no dejó de subir mientras los ingresos de los ciudadanos permanecían más “estables”.

Como buen enemigo del oro, y al igual que los socialistas actuales de Venezuela o Argentina, la culpa fue designada a aquellos productores de los productos que tanto suben de precio – sin tener en cuenta que lo que realmente sube de precio es el carácter de “añadir ceros” en el billete.

Lo que siguió – y siempre sigue – fueron controles de precios, y regulaciones incluso mayores.

¿El resultado?

Caida del contenido de platan a lo largo de los siglos de decadencia del Imperio. Cortesía de Nicolas Perrault III/wikipedia

Los productores, poco a poco, dejaron de producir, y la producción fue disminuyendo de manera drástica con el paso de las décadas.

Como sería de prever, un proceso semejante no haría sino fomentar aún más las devaluaciones monetarias hasta eliminar totalmente la plata de las monedas romanas.

Todo ello en medio de un sistema de subsidios y ayudas estatales a los pobres en el que la práctica totalidad de los ciudadanos dependían ya del Estado romano.

En ese escenario pocos están dispuestos a abandonar el vivir sin trabajar, y es ya imposible volver a un estado anterior de una manera voluntaria.

Sin embargo, este proceso de conversión de una sociedad de productores a consumidores tiene una consecuencia fatal: que la producción termina por colapsar y en ese caso da igual cuántos billetes imprimar o cuanta plata quites a las monedas.

De esa manera la producción de telas y armaduras – entre muchas otras cosas – para las legiones alcanzaría mínimos por no decir que desaparecería.

Visto así no es difícil entender porqué las legiones de la fase final del Imperio no eran sino una caricatura de lo que habían sido algunos siglos antes, cuando la República apenas dominaba una pequeña cuña de la Península Itálica.

¿Es fácil de entender no?

Las devaluaciones ocurren porque el “Imperio”, es decir, la gente, se vuelve socialista, no por arte de magia.

En definitiva, simplemente se trata de un largo proceso de consumo de capital.

Pues bien, ¿Nos suena esta historia a algo?

¿No es sino un calco de lo que está ocurriendo desde hace tiempo en el mundo actual?

Enemigos del oro – y la plata – los ha habido siempre.

Gracias por compartir

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