Ceaucescu, otro hipócrita enemigo del oro

Una de las cosas que recuerdo de mi niñez fue el día en el que cayó el régimen de Ceuacescu, el dictador comunista rumano de la época, donde gobernó de 1974 a 1989.

La verdad es que no sabía prácticamente nada de él, pero por alguna razón llegaron a mis oídos noticias de que en su mansión se encontraron riquezas de todo tipo, como zapatos con diamantes incrustados que pertenecían a la señora Ceaucescu.

ceaucescu oro
Foto cortesía de la colección online de fotos de la Rumanía comunsita/wikipedia

De manera instintiva comencé a entender el carácter inverso y mentiroso de estos elementos que siempre se proclaman como salvadores del pueblo y el mundo.

Una de las excentricidades de Ceaucescu era que gustaba de usar un traje nuevo cada día, de tal manera que cuando cayó su régimen descubrieron miles de trajes en su poder, que finalmente acabaron en una leprosería, aunque según otras fuentes cada traje era quemado después de su uso.

En teoría la razón para ello era que Ceaucescu temía por su vida y para evitar ser envenenado (sic) requería de un traje nuevo al día. No sé si el tema de los zapatos de la mujer tendría que ver con esto.

Pero, por supuesto la cosa no quedó ahí, pues el gusto por los placeres capitalistas por parte de los Ceaucescu tenía otros elementos a cada cual más excéntrico.

En la residencia del líder comunista de 40 habitaciones se encontraron cosas como una sala de cine donde a Ceaucescu le gustaba disfrutar de películas de Western americanas o de capítulos de Telly Savalas.

Curioso, que alguien que supuestamente odia los valores capitalistas de propiedad privada guste tanto de un género como el Western, que además de ser producido por las “malvadas” sociedades capitalistas, representaba como pocos el ideal del hombre emprendedor y solitario tan defenestrado por las utopías socialistas.

Mientras, el pueblo rumano a duras penas tenía acceso a algunos programas y películas del Estado, con un carácter extremadamente politizado.

Otra de las excentricidades de este líder comunista era el hecho de que Rumanía vivía en un Estado del terror en términos de control orweliano, pues la Securitate llegó a tener más de 500.000 informadores en el cénit de su poder, nada menos que uno de cada cuarenta ciudadanos rumanos era un espía del gobierno.

Podemos imaginarnos bien la paranoia de la vida en ese país.

Eso mientras la posibilidad de acercarse a la residencia de Ceaucescu era cero, pues las medidas de seguridad eran extremas al respecto.

palacio ceaucescu
El Palacio del Pueblo (sic), una construcción mastodóntica realizada en los peores años de la pobreza comunista en Rumanía, y posiblemente una de las causas de la caída del estado de terror

Evidentemente el sátrapa de los Cárpatos no quería que la gente viera qué tipo de vida llevaba.

Porque a pesar de los trajes, zapatos, películas y otras cosas, lo peor de todo radicaba en el hecho de que buena parte de los muebles y construcción de la residencia estaban hechos con oro.

El punto más dramático de este asunto radica en los baños, los cuales estaban recubiertos de oro de arriba abajo (podéis ver fotos aquí). Mientras, el rumano medio podía considerarse afortunado si tenía un sistema de fontanería básico.

¿Cómo explicar esto al pueblo rumano sujeto a colas y raciones cada vez más escasas para pagar la deuda internacional?

Sí, porque a pesar de todo, resulta que el país tenía deuda internacional que pagar, porque ya sabemos que la comida no crece en los árboles tan fácilmente, y me refiero a comida de verdad, no manzanas o peras.

No solo oro se podía encontrar allí sino diamantes y los más excéntricos detalles.

Al parecer el gusto de la señora Ceaucescu por artículos de lujo no tenía límites.

Otro de los detalles de su imparcialidad y objetividad en el manejo de los asuntos de la nación fue el hecho de que más de 40 miembros de la familia llegaron a ocupar puestos de alto rango en el gobierno rumano.

Un dato un tanto extraño de alguien tan contrario a la monarquía.

Aunque supongo que todo sería por la excelsa capacidad de estos familiares.

Al final, no importó cuanto intentaron proteger estos detalles.

A pesar de mantener una cortina de hierro de su residencia no podían evitar que acabasen llegando rumores de su estilo de vida a las bases del pueblo.

Finalmente, el pueblo se revolvió y acabó con este dictador tan del estilo: “Haz lo que digo pero no lo que yo hago”.

El oro, la deuda y la fortuna de Ceaucescu

Según rumores Ceaucescu tenía más de 400 millones de dólares en cuentas bancarias de Suiza, una auténtica fortuna de la época.

De hecho, el rumor era que el depósito se había hecho en oro.

Al parecer hubo declaración de un policía que dijo haber escoltado dos aviones con 40 toneladas de oro desde Rumanía a Suiza para ser depositadas en una cuenta del señor líder.

Sin embargo esos rumores y noticias tan numerosos en 1990, según los cuales el gobierno suizo estaba investigando el asunto, no quedaron en nada.

El tema se “olvidó”, o al menos se olvidaron las masas.

Supongo que los grandes enemigos del oro del mundo, muchos de los cuales dominan las finanzas internacionales, quisieron que el tema pasara a segundo plano, de manera lo más discreta posible.

Ya sabemos los esfuerzos inhumanos que hacen muchos por intentar desvincular al comunismo de la lujuría por el oro, algo que se supone que solo pueden hacer los capitalistas.

Por ejemplo, si lees las opiniones en la red, algunos alardean de que la mansión del Sultán de Brunei o de Dubai es mucho mayor que la que tenía Ceaucescu, intentando así, quitar hierro al asunto, cosa que consiguen con los pobres de mente, una parte significativa de la población, sin duda.

Pero a otros no nos pueden engañar, porque hay una cosa que se les olvida mencionar en ese tipo de artículos, y es que el sultán de Brunei ni predica el comunismo ni dirige un país donde todos son supuestamente iguales y se han acabado con los privilegios, sobre todo de tipo aristocrático.

En ese sentido, el Sultán de Brunei o de donde sea, no es un hipócrita. No nos está mintiendo.

La historia de este déspota rumano es otra lección fundamental más en el largo episodio de este mundo moderno tan plagado de salvadores del mundo que prometen el oro y el moro, y que una vez en el poder, y de manera sibilina, llevan una vida contraria a la que promueven, pero de una manera contraria a la que predican.

Este caso de los Ceaucescu es uno de los más extremos en ese sentido.

Se suponía que vivían en un apartamento, igual que sus súbditos, como buenos comunistas, y lo cierto es que vivían una vida de lujos asiática del peor de los capitalismos.

No es la riqueza lo reprochable sino la mentira.

Ese es el verdadero cariz de los enemigos del oro: el ser unos mentirosos.

Gracias por compartir

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